magnicidio en el vaticano

 En Nombre de Dios 

descubra en este famoso libro del
gran criminalista
 investigador    Yallop David

la verdad sobre la muerte de el papa juan pablo primero asesinado por  las mafias del  vaticano, alos 33 dias de su eleccion cuando se enteraron que este buen hombre iba a revolucionar la iglesia y a sacar ala luz publica , las corrupciones y crimenes de las  mafias que controlan el vaticano  


 

la verdad sobre la muerte de el papa juan pablo primero asesinado por  las mafias del  vaticano, alos 33 dias de su eleccion cuando se enteraron que este buen hombre iba a revolucionar la iglesia y a sacar ala luz publica , las corrupciones y crimenes de las  mafias que controlan el vaticano   luego de los escandalos del banco  del baticano  el banco ambrosiasno  su gerente,  y sus  vinculos con  la logia secreta p2  ,y la cosa nostra ,organizaciones masonas narcomafiosas de italia alas cuales  pertenece  berlusconi presidente de italia  este corrupto mafioso  facista  protegido por el papa
El 26 de agosto de 1978, tras la muerte de Pablo VI, el Concilio Vaticano elige para que ocupe el trono del sumo pontífice a Albino Luciani, el austero patriarca de Venecia. Luciani pronuncia el
tradicional Accepto y decide el nombre con que reinará: Juan Pablo I.
Pocos suponen que ese italiano de sesenta y cinco años, imagen misma de la humildad, iniciará su papado con voluntad de renovación. Pero los mejor informados saben que Juan Pablo I ha resuelto emprender una verdadera revolución, practicando lo que ha predicado siempre: la honradez absoluta, la convicción de que la Iglesia Católica es por sobre todo la Iglesia de los pobres.

Su misión, sin embargo, durará apenas treinta y tres días. El 28 de septiembre de 1978, tras una cena frugal, Albino Luciani se retira a sus departamentos. En algún momento de la noche o a la madrugada del día siguiente, Luciani muere. Causa de la muerte: desconocida.

El investigador inglés David A. Yallop ha indagado en el misterio que rodea esa muerte, vinculándola con la campaña tras casi tres años de investigación, dice en su libro titulado En nombre de Dios (1984) que las circunstancias precisas en relación con el descubrimiento del cuerpo de Juan Pablo I `demuestran con bastante elocuencia que el Vaticano perpetró un encubrimiento`. El Vaticano dijo una mentira tras otra: `Mentiras sobre pequeñas cosas y mentiras sobre grandes cosas.
Todas estas mentiras no tenían sino un único propósito: disfrazar el hecho de que Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, murió asesinado`.
El Papa Luciani `recibió la palma del martirio por sus creencias.

Como tal, este libro ni ataca la fe ni se ensaña contra una Iglesia que aglutina millones de fieles. Lo que estos millones de fieles consideran sagrado es demasiado importante para dejarlo en las manos de unos hombres que han conspirado para degenerar el mensaje de Cristo y transformarlo en un turbio asunto de negocios sucios. Se trata de una conspiración que ha producido sucesos escalofriantes.

Como ya he indicado, me he tenido que enfrentar con unas dificulta­des insuperables al verme obligado a dar el nombre específico de las fuentes de las que he recibido la información. A lo largo del texto, he procurado conservar en el más estricto secreto quién fue el que me dijo tal cosa o de dónde extraje determinados documentos. Una cosa, sin embargo, puedo asegurarle al lector; que toda la información, todos los detalles, todos los hechos han sido revisados una y otra vez para confir­mar su exactitud, no importa la fuente de la que provinieran. Por lo tanto, es mía la responsabilidad sobre cualquier error de apreciación o detalle.

Tengo la certeza de que, como transcribo conversaciones que tuvie­ron lugar entre hombres que ya habían muerto antes de que empezara mi investigación, me arriesgo a provocar suspicacias. ¿Cómo, por ejemplo, puedo yo saber lo que pasó entre el papa Juan Pablo I y el cardenal Villot el día en que discutieron el tema del control de la nata­lidad? La respuesta es muy sencilla: dentro del Vaticano no existen audiencias privadas que se mantengan verdadera y totalmente en pri­vado; los dos hombres que he mencionado hablaron con otros después y les refirieron la conversación que habían mantenido. Es de esta men­te de segunda mano, cuyas opiniones personales a menudo diferían radicalmente, de donde he sacado el material que me ha permitido reconstruir la discusión sobre natalidad entre el papa y su secretario de Estado. De los diálogos que aparecen en este libro ninguno es imagi­nario, como tampoco lo son los hechos registrados.

David A. Yattop Marzo de 1984

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Una respuesta a magnicidio en el vaticano

  1. Gloria a Dios, tantas cosas que se dicen, solo el señor Dios todopoderoso, tiene el control de todas las cosas, en su plenitud. Amen, Que sea el señor Jesucristo que decida todo lo que haya que hacer sobre la tierra. Amen.

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